Introducción: Un llamado urgente a detener la rutina religiosa
- Apaga distracciones y abre tu corazón a una revelación que desafía las creencias tradicionales.
- Advertencia sobre cómo la religión institucional ha creado un Jesús domesticado, alejado del histórico.
Distorsiones clave en la imagen de Jesús
1. Le quitaron lo judío al judío
- Jesús no abolió el judaísmo, sino que vino a cumplirlo (Mateo 5:17).
- La iglesia gentil descontextualizó su mensaje eliminando las raíces judías que son esenciales para entender su vida y enseñanzas. Para comprender más a fondo esta perspectiva, se puede consultar Understanding Simeon's Prophecy: The Opposed Sign of Jesus at Christmas, que explora cómo las raíces judías de Jesús influyen en su imagen y significado.
- La consecuencia: un Jesús desconectado de su historia y enseñanza original.
2. Le quitaron la revolución al revolucionario
- Jesús fue un líder radical que promovió un orden social alternativo basado en el servicio, la justicia y la igualdad.
- Su mensaje confrontaba la riqueza, la corrupción y el poder establecido.
- La institucionalización del cristianismo diluyó este mensaje para hacerlo compatible con estructuras de poder y comodidad. En este sentido, reflexionar sobre Coherencia, Identidad y Propósito: Claves para el Éxito Juvenil puede aportar ideas sobre la importancia de la coherencia y propósito en la vida, elementos centrales en el mensaje revolucionario de Jesús.
3. Le quitaron lo humano al Hijo del Hombre
- Jesús fue plenamente humano: aprendió, fue tentado, sufrió dolor y emociones reales (Hebreos 2:17-18, Lucas 2:52).
- Esta humanidad es fundamental para nuestra esperanza y para imitar su vida llena del Espíritu Santo.
- La negación de su plena humanidad ha limitado la comprensión del poder accesible a los creyentes.
Síntomas de vivir una fe domesticada
- Consumo religioso sin transformación diaria.
- Disonancia entre vida privada y práctica espiritual.
- Resistencia a cuestionar tradiciones y estructuras.
- Priorizar rituales sobre el servicio y la justicia.
Dos tipos de creyentes: Religiosos vs. Seguidores reales
- Religiosos: comodidad, poca transformación, superficiales en la fe.
- Seguidores reales: relación genuina, vida radicalmente transformada, desafío a la comodidad.
Cinco pasos para avanzar hacia el Jesús real
- Leer los cuatro evangelios directamente durante 40 días, buscando discernimiento del Espíritu Santo.
- Identificar una área de tu vida desalineada con el reino y tomar acción radical en 7 días.
- Encontrar un mentor o persona que viva el cristianismo radical y buscar discipulado real.
- Ayunar dos semanas de entretenimiento que distrae para crear espacio espiritual.
- Hacer una acción generosa significativa en 24 horas como expresión de dependencia en Dios.
Conclusión y compromiso personal
- Visualiza la elección entre la religión cómoda y el camino estrecho del reino.
- Toma la decisión consciente de abrazar al Jesús real, con una oración de rendición total.
- Invita al lector a declarar públicamente su compromiso y a compartir este mensaje para iniciar un movimiento de renovación espiritual.
Este camino no promete comodidad, pero sí autenticidad, poder y transformación integral. La invitación es a seguir al Jesús histórico, revolucionario y humano que cambia vidas y sociedades hoy.
Detén lo que estás haciendo ahora mismo. Apaga la televisión. Cierra esa aplicación que te está robando la
atención. Silencia ese teléfono que no deja de vibrar con notificaciones vacías. Porque lo que voy a compartir
contigo en los próximos minutos no es un mensaje más de los que escuchas cada domingo en tu congregación. No es una
reflexión inspiradora para comenzar tu semana. No es un devocional tranquilo para acompañar tu café de la mañana.
Esto es una advertencia que me fue entregada hace exactamente 48 horas y que desde entonces ha estado ardiendo en
mi pecho como un carbón encendido que no me permite dormir, que no me permite descansar, que no me permite guardar
silencio, mientras millones de creyentes sinceros caminan en una versión diluida, domesticada, occidentalizada de aquel
carpintero judío que caminó por las polvorientas calles de Galilea hace 2000 años. Porque lo que la tradición
religiosa ha construido alrededor de Jesús durante 20 siglos de teología institucional, de concilios políticos,
de decisiones imperiales y de conveniencia eclesiástica, ha creado una distancia tan grande entre el Jesús
histórico y el Cristo de nuestros púlpitos, que si el Nazareno entrara hoy a la mayoría de nuestras iglesias,
probablemente no. eh reconocería la religión que se predica en su nombre. Y esto no lo digo yo, esto no es mi
opinión teológica, esto no es una crítica destructiva nacida de rebeldía o resentimiento. Esto es exactamente lo
que comenzó a manifestarse el pasado martes a las 3:47 de la madrugada, cuando después de 5co días de ayuno
parcial y oración intensa, rogando a Dios que me mostrara por qué tantos creyentes sinceros, tantos hermanos
fieles, tantos adoradores genuinos, estaban experimentando una sequía espiritual inexplicable a pesar de su
disciplina devocional, a pesar de sus horas de lectura bíblica, a pesar de su servicio en la Iglesia. Fue en ese
momento preciso, en esa hora oscura antes del amanecer, cuando mi habitación todavía olía al incienso de la noche
anterior y mis rodillas dolían por las horas de intercesión, que escuché no una voz audible, pero sí una impresión tan
clara como si alguien hubiera escrito con letras de fuego en mi mente estas palabras exactas que voy a repetir ahora
y que se convertirán en el martillo que romperá toda costra religiosa durante este mensaje. Le han quitado la
revolución al revolucionario, le han quitado el escándalo al escandaloso, le han quitado lo judío al judío, le han
quitado lo humano al Hijo del Hombre. Y al hacer esto, le han quitado el poder al poderoso, y esas palabras cayeron
sobre mi espíritu con un peso tan específico, tan quirúrgico, tan devastadoramente preciso, que me levanté
de inmediato, sabiendo que no podía guardar esto para mí, sabiendo que había un ejército de creyentes hambrientos
esperando escuchar esta verdad, aunque doliera, aunque sacudiera sus fundamentos religiosos, aunque los
obligara a reconstruir su comprensión de quién es realmente Jesucristo Y ahora mismo, mientras escuchas esto, sé que
hay una parte de ti que ya está buscando razones para desconectarse, para etiquetar este mensaje como
controversial o radical o peligrosamente heterodoxo. Sé que tu mente religiosa está levantando defensas porque hemos
sido entrenados durante años para proteger nuestra versión cómoda de Jesús. esa versión que no nos incomoda
demasiado, que no nos exige demasiado, que cabe perfectamente en nuestros horarios de domingo y en nuestras
preferencias denominacionales. Pero quiero que hagas algo ahora mismo. Quiero que hagas una pausa de 3
segundos, respires profundo y tomes una decisión consciente de abrir tu corazón a lo que el Espíritu quiere mostrarte
más allá de lo que tu tradición te ha enseñado. Porque si cierras tu mente ahora, perderás la oportunidad de
encontrarte con el Jesús real. con el Jesús incómodo, con el Jesús que no vino a fundar una religión, sino a iniciar
una revolución del reino que sigue siendo tan radical hoy como lo fue en el primer siglo. Y para que esto no se
quede solo en teoría, para que tú mismo actives tu compromiso espiritual en este momento, necesito que hagas algo muy
específico. Ve a la sección de comentarios ahora mismo y escribe solo estas tres palabras. Quiero al Jesús
real. No lo hagas. mecánicamente, no lo hagas porque yo te lo pido. Hazlo como un acto profético de tu parte, como una
declaración ante el cielo y ante el infierno de que estás listo para soltar la versión religiosa y abrazar la verdad
completa, sin importar cuánto sacuda tu teología heredada. Hazlo ahora, porque cuando escribes esas palabras, estás
abriendo una puerta en el reino del Espíritu. Estás alineándote con un mover de revelación que está barriendo la
tierra en estos días finales. Estás uniéndote a miles de creyentes en todo el continente que están cansados de la
religión vacía y hambrientos del Cristo verdadero. escribe "Quiero al Jesús real" y regresa inmediatamente a este
mensaje porque lo que viene a continuación va a comenzar a desmontar capa por capa la construcción religiosa
que nos ha mantenido en cautiverio espiritual durante generaciones enteras sin que siquiera nos diéramos cuenta de
que estábamos prisioneros. Y ahora, déjame llevarte a lo que sucedió después de esa madrugada de revelación. Déjame
llevarte al lugar donde fui a buscar confirmación de lo que había recibido, porque yo mismo necesitaba asegurarme de
que no estaba operando desde mi propia imaginación o desde algún resentimiento subconsciente hacia la estructura
eclesiástica. Fue por eso que el miércoles por la mañana conduje durante 2 horas hasta la pequeña casa de oración
donde vive el hermano Elías, un anciano de 83 años que ha dedicado los últimos 40 años de su vida al estudio exhaustivo
de los contextos históricos, culturales y lingüísticos del Nuevo Testamento. Un hombre que habla hebreo, arameo y griego
con la misma fluidez con que tú hablas tu idioma nativo. un hombre que ha viajado 17 veces a Israel para caminar
literalmente en las mismas rutas que Jesús caminó, para sentarse en las mismas colinas donde predicó, para tocar
las mismas piedras que sus pies tocaron. Y cuando llegué a su casa ese miércoles, encontré la pequeña habitación llena del
aroma inconfundible de café árabe recién preparado, mezclado con el olor de libros antiguos y manuscritos apilados
hasta el techo, las paredes cubiertas con mapas de la Palestina del primer siglo, marcados con notas en varios
idiomas, con fotografías de excavaciones arqueológicas, con copias de fragmentos de manuscritos antiguos. Y el hermano
Elías estaba sentado en su silla de siempre, junto a la ventana que da al pequeño jardín, donde él ora mañana al
amanecer, sus manos manchadas de tinta, sosteniendo una taza de ese café espeso, mientras sus ojos brillaban, con esa
mezcla de sabiduría y tristeza que solo he visto en los santos ancianos, que han visto demasiado y conocen demasiado. Y
antes de que yo pudiera explicarle por qué había venido, antes de que pudiera contarle lo que había recibido en la
madrugada del martes, él levantó su mano arrugada pidiéndome silencio y dijo con una voz que todavía temblaba de emoción
contenida. Hermano, anoche el Señor me despertó a las 2 de la mañana y me dijo que tú
vendrías hoy. Me dijo que vendrías buscando confirmación de algo que él te había mostrado y me dijo exactamente qué
decirte. Y entonces el hermano Elías se inclinó hacia delante, clavó sus ojos en los míos con una intensidad que parecía
atravesarme hasta el alma y repitió palabra por palabra la misma frase que yo había escuchado 36 horas antes. Le
han quitado la revolución al revolucionario, le han quitado el escándalo al escandaloso, le han quitado
lo judío al judío, le han quitado lo humano al Hijo del Hombre. Y al hacer esto, le han quitado el poder al
poderoso. Y cuando terminó de hablar esas palabras, el silencio que llenó esa pequeña habitación era tan denso que
podía sentirse físicamente. Era el tipo de silencio que cae cuando el Espíritu Santo confirma algo de tal manera que
toda duda se evapora instantáneamente. Y yo me quedé allí sentado sintiendo como las lágrimas comenzaban a correr por mis
mejillas, porque sabía sabía con absoluta certeza que esto no era una coincidencia, que esto no era mi
imaginación, que esto era una palabra profética para este tiempo específico, para esta generación específica, para
estos días donde millones de creyentes están adorando una versión de Jesús que nunca existió, mientras el verdadero
Cristo de las Escrituras permanece oculto detrás de capas y capas de tradición occidental, de interpretación
griega, de filosofía romana y de conveniencia institucional. Y fue entonces cuando el hermano Elías comenzó
a abrir libro tras libro, manuscrito tras manuscrito, mostrándome evidencia histórica tras evidencia histórica de
como el proceso de helenización del cristianismo primitivo, como las decisiones políticas del concilio de
Nicea, como la romanización de la fe bajo Constantino, como la separación deliberada de las raíces judías del
movimiento de Jesús. Todo esto había creado progresivamente una religión que el mismo Jesús habría considerado
extraña, ajena y en muchos aspectos contraria al mensaje del reino que él vino a proclamar. Y ahora mismo, antes
de continuar, necesito que entiendas algo crucial. Necesito que comprendas que lo que estoy compartiendo no es un
ataque a tu fe, sino una invitación a profundizar en ella. No es una negación del poder de Dios, sino una recuperación
de ese poder en su expresión original. No es una destrucción de tu fundamento, sino una limpieza de ese fundamento para
que puedas construir sobre la roca sólida del Jesús histórico y bíblico en lugar de sobre las tradiciones de
hombres. Y para que esto quede absolutamente claro, para que no haya confusión sobre el fundamento bíblico de
lo que estamos explorando, necesito llevarte a varios pasajes de la escritura que actuarán como el marco
judicial para todo lo que vamos a descubrir juntos. Primero vayamos a Mateo, capítulo 15, versículos del 3 al
9, donde el mismo Jesús confronta este exacto problema, escucha sus palabras. ¿Por qué también vosotros quebrantáis el
mandamiento de Dios por vuestra tradición? Porque Dios mandó diciendo, "Honra a tu padre y a tu madre, y el que
maldiga al padre o a la madre muera irremisiblemente. Pero vosotros decís, cualquiera que diga a su padre o a su
madre, es mi ofrenda a Dios todo aquello con que pudiera ayudarte. Ya no ha de honrar a su padre o a su madre. Así
habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición. Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías cuando
dijo, "Este pueblo de labios me honra, más su corazón está lejos de mí, pues en vano me honran, enseñando como doctrinas
mandamientos de hombres. ¿Lo captas? ¿Entiendes lo que Jesús está diciendo aquí? Él estáciendo un principio eterno.
Es absolutamente posible honrar a Dios con los labios mientras el corazón está lejos de él. Es completamente factible
invalidar el mandamiento genuino de Dios a través de tradiciones humanas que se han vuelto tan sagradas, tan intocables,
tan institucionalizadas que nadie se atreve a cuestionarlas aunque contradigan directamente el espíritu de
lo que Dios ordenó originalmente. Y luego vayamos a Colosenses 2 versículos 8 al 10 donde Pablo advierte, "Mirad que
nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas según las tradiciones de los hombres, conforme a los
rudimentos del mundo, y no según Cristo, porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la deidad." Aquí Pablo
está alertando a la iglesia sobre el peligro específico de que filosofías externas, tradiciones humanas y
rudimentos del mundo se infiltren y la corrompan desde adentro, transformándola gradualmente en algo que ya no es según
Cristo, sino según los sistemas del mundo. Y esto es exactamente exactamente lo que sucedió en los primeros tres
siglos del cristianismo, cuando la fe judía de Jesús y los apóstoles fue sistemáticamente despojada de su
contexto hebreo, de sus raíces en las escrituras del Tanaj, de su comprensión del reino desde la perspectiva del
judaísmo del segundo templo, y fue reinterpretada a través de lentes griegos, romanos y más tarde europeos,
hasta que el Jesús judío de Nazaret se convirtió en el Cristo rubio de ojos azules de las pinturas renacentistas,
el teólogo sistemático de las universidades europeas, el monarca celestial de la teología imperial y el
benefactor cósmico de la teología de la prosperidad moderna. Y ahora escúchame con mucha atención porque voy a comenzar
a revelar capa por capa lo que se ocultó, lo que se perdió, lo que se tergiversó. Pero no voy a darte todo de
golpe porque tu mente no podría procesarlo, tu corazón no podría contenerlo, tu espíritu necesita tiempo
para digerir cada revelación antes de pasar a la siguiente. Así que comenzaremos con la primera capa, la más
obvia, pero también la más ignorada. le quitaron lo judío al judío. Y esto no es un detalle menor. Esto no es un
asunto de preferencia cultural. Esto no es simplemente una cuestión de contexto histórico interesante, pero irrelevante.
Esto es absolutamente fundamental porque Jesús no vino a abolir el judaísmo, sino a cumplirlo. Él mismo lo dijo
explícitamente en Mateo 5:17. No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas. No he venido para
abrogar, sino para cumplir. Y sin embargo, ¿qué hizo la Iglesia gentil a partir del siglo segundo? construyó toda
una teología de reemplazo que básicamente declaró que Israel había sido desechado, que el Antiguo
Testamento era obsoleto, excepto para extraer profecías mesiánicas, que las fiestas bíblicas eran ceremonias
muertas, que el sábado había sido transferido al domingo, que los símbolos judíos eran legalismo y que cualquier
conexión con las raíces hebreas de la fe era judaizar peligrosamente. Y el resultado de este proceso de
desjudaización fue devastador. Fue la creación de un Jesús que jamás habría reconocido su propia religión, un Cristo
que supuestamente vino a destruir lo que en realidad vino a completar. Un Salvador divorciado de las mismas
escrituras que él constantemente citaba y sobre las cuales basaba toda su enseñanza. Porque cuando lees los
evangelios con ojos abiertos, cuando realmente prestas atención a lo que Jesús dice y hace, descubres que cada
una de sus enseñanzas, cada una de sus parábolas, cada uno de sus debates teológicos está completamente enraizado
en el pensamiento rabínico de su tiempo. Él enseñaba en las sinagogas, observaba las fiestas bíblicas, usaba métodos de
interpretación que eran completamente judíos. Citaba la Torá constantemente. Sus discípulos lo llamaban rabí. Él
usaba el estilo de enseñanza rabínica llamado jalajá cuando daba instrucciones prácticas sobre cómo vivir. Usaba el
método de Pilpul cuando debatía con los fariseos. Sus parábolas seguían perfectamente el estilo masal del
judaísmo del segundo templo. Pero nada de esto se enseña en nuestras iglesias. Nada de esto se predica desde nuestros
púlpitos. Porque en algún punto de la historia la Iglesia decidió que ser judío era incompatible con ser
cristiano, cuando en realidad el cristianismo original era una secta dentro del judaísmo. Era el cumplimiento
mesiánico de la esperanza de Israel, no su reemplazo. Y aquí viene algo que va a sacudir a muchos. Cuando Jesús hablaba
del reino de Dios, cuando decía, "Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado," no estaba
inventando un concepto nuevo. Él estaba hablando de algo que todo judío de su época entendía perfectamente. Estaba
hablando del malut shamay, el reino de los cielos, que era la esperanza central del judaísmo, la expectativa de que Dios
mismo vendría a reinar sobre su pueblo y sobre todas las naciones a través de su Mesías, restaurando el orden divino,
trayendo shalom verdadero, justicia perfecta y la presencia manifiesta de Dios sobre la tierra. Pero cuando la
Iglesia gentil se apropió de este mensaje, lo reinterpretó completamente, lo espiritualizó hasta hacerlo
irreconocible, lo convirtió en ir al cielo cuando mueras. Cuando Jesús estaba hablando del cielo viniendo a la tierra,
lo transformó en salvación individual del alma cuando Jesús estaba proclamando la restauración cósmica de todas las
cosas. Y ahí, justo ahí está la raíz de por qué tantos creyentes hoy viven una fe desconectada de la realidad, una
espiritualidad que solo aplica domingos y momentos devocionales, pero que no transforma radicalmente cada área de la
vida. Porque si el reino solo es una realidad futura en el cielo, entonces no tiene implicaciones prácticas para cómo
hago negocios hoy, cómo trato a mi empleado hoy, cómo uso mi dinero hoy, cómo estructuro mis relaciones hoy, cómo
respondo a la injusticia hoy. Pero si el reino es una realidad presente que irrumpe en este mundo aquí y ahora, si
es un gobierno alternativo de Dios que opera bajo principios completamente diferentes a los sistemas de este mundo,
entonces de repente cada área de mi vida queda bajo el señorío práctico de Cristo. No solo mi vida de oración, sino
mi carrera. No solo mis devocionales, sino mis finanzas. No solo mi adoración, sino mi agenda política. Y esto nos
lleva a la segunda capa de lo que fue ocultado. Le quitaron la revolución al revolucionario. Porque déjame decirte
algo que probablemente nunca escuchaste en la escuela dominical. El Jesús de los evangelios era profundamente,
radicalmente, peligrosamente revolucionario. No estoy hablando de revolución violenta, no estoy hablando
de rebelión armada, estoy hablando de algo mucho más subversivo, mucho más amenazante para los poderes
establecidos. Él estaba proclamando y demostrando un orden social completamente alternativo, donde los
últimos serían primeros, donde el poder se expresaría en servicio, donde la riqueza sería redistribuida
voluntariamente, donde las barreras étnicas serían abolidas, donde las jerarquías
religiosas serían desmanteladas, donde los marginados serían centrales, donde el amor al enemigo reemplazaría la
violencia. Y esto no era teoría, esto no era teología abstracta, esto era práctica concreta. Por eso Jesús comía
con pecadores y publicanos escandalizando a la élite religiosa. Por eso tocaba leprosos violando las normas
de pureza. Por eso hablaba con mujeres en público, rompiendo los códigos sociales. Por eso sanaba en sábado
desafiando las interpretaciones rabínicas dominantes. Por eso confrontaba a los líderes religiosos,
llamándolos hipócritas, sepulcros blanqueados, guías ciegos. Por eso volcó las mesas de los cambistas en el templo
en un acto de protesta profética contra la corrupción del sistema religioso. Por eso sus enseñanzas sobre el dinero eran
tan radicales que resultan completamente incompatibles con el capitalismo de consumo que la Iglesia occidental ha
bendecido. No podéis servir a Dios y a las riquezas. Ay de vosotros los ricos. Vended lo que poseéis y dad limosna. De
gracia recibisteis, dad de gracia. Más fácil es que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el
reino de Dios. Estas no son sugerencias, estas no son hipérboles orientales, estas son declaraciones directas sobre
la incompatibilidad fundamental entre el reino de Dios y la acumulación de riqueza. Pero la Iglesia institucional,
especialmente después de que se volvió la religión oficial del Imperio Romano bajo Constantino, necesitaba domesticar
este mensaje revolucionario. Necesitaba hacer a Jesús seguro para los ricos, aceptable para los poderosos, compatible
con el imperialismo. Así que sutilmente, gradualmente, sistemáticamente transformó al revolucionario en un icono
religioso inofensivo, al profeta radical en un sacerdote ceremonial, al rabí confrontativo en un maestro gentil de
principios morales universales. Y ahora, ahora en el siglo XXI tenemos iglesias llenas de multimillonarios,
predicadores que viven en mansiones, ministerios que operan como corporaciones, creyentes que acumulan
riqueza sin ninguna incomodidad de conciencia. Y todo esto mientras afirmamos seguir a aquel que no tenía
donde recostar su cabeza, que nació en un establo, que fue asesinado como un criminal común, que dijo,
"Bienaventurados los pobres, porque de ellos es el reino de los cielos. Y antes de que te defiendas, antes de que
empieces a racionalizar, antes de que digas, "Pero es que el contexto era diferente o es que Jesús estaba hablando
de pobreza espiritual, quiero que hagas algo muy específico conmigo ahora mismo. Quiero que te preguntes honestamente,
¿por qué necesito defender mi comodidad? ¿Por qué necesito justificar mi estilo de vida en lugar de simplemente
preguntarle al Espíritu Santo qué quiere él? ¿Por qué mi primera reacción es proteger lo que tengo en lugar de
preguntarme si lo que tengo es compatible con el reino que proclamo? Esas preguntas, esas preguntas incómodas
que tu Espíritu está sintiendo ahora mismo, esas son el Espíritu Santo confrontando años de condicionamiento
religioso que te ha enseñado que seguir a Jesús es compatible con el sueño americano, con el éxito material, con la
comodidad burguesa, cuando en realidad Jesús llamó a sus discípulos a algo completamente opuesto. Si alguno quiere
venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día. y sígame. Y tomar la cruz en el contexto del primer siglo
no era una metáfora linda. Era la imagen de caminar hacia tu propia ejecución. Era el símbolo de la muerte a ti mismo,
a tus ambiciones, a tu agenda, a tu comodidad, a tu reputación. Y ahora llegamos a la tercera capa, quizás la
más dolorosa de confrontar. Le quitaron lo humano al Hijo del Hombre. Porque en nuestro afán por
proteger la divinidad de Cristo, en nuestra necesidad de exaltar su deidad, hemos prácticamente negado su humanidad.
Lo hemos convertido en un superhombre que caminaba por la tierra, pero que realmente no era tentado como nosotros,
que realmente no sentía dolor como nosotros, que realmente no experimentaba duda como nosotros, que desde su
nacimiento era plenamente consciente de su misión y operaba con conocimiento omnisciente y poder omnipotente. Y esto
no es lo que las Escrituras enseñan. Esto no es lo que los evangelios muestran. Hebreos 2:17 y 18 dice
claramente, "Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos para venir a ser misericordioso y fiel sumo
sacerdote en lo que a Dios se refiere para expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto él mismo padeció siendo
tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados en todo semejante a sus hermanos, no casi en todo, no en la
mayoría de cosas, en todo. Jesús tuvo que aprender a caminar, tuvo que aprender a hablar, tuvo que aprender
arameo y hebreo, tuvo que estudiar las escrituras como cualquier niño judío. Lucas 2:52 nos dice que Jesús crecía en
sabiduría y en estatura y en gracia para con Dios y los hombres. Él crecía en sabiduría, lo cual significa que no
sabía todo desde el principio. Tuvo que aprender, tuvo que desarrollarse, tuvo que madurar. fue tentado en todo según
nuestra semejanza, pero sin pecado, lo cual significa que las tentaciones eran reales, que podía sentir el atractivo
del pecado, aunque nunca cedió a él, que experimentaba el cansancio real, por eso se quedó dormido en la barca durante la
tormenta, que sentía hambre real. Por eso, después de 40 días de ayuno, el tentador pudo usar ese hambre para
tentarlo, que sentía la soledad real. Por eso, en el huerto de Getsemaní, le suplicaba a sus discípulos, "Quedaos
aquí y velad conmigo." Que experimentaba angustia emocional real. Por eso, en ese mismo huerto, sudó como grandes gotas de
sangre cayendo a tierra y oró. Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa. Esa no es la oración de alguien
que está actuando. Esa es la oración genuina de un ser humano enfrentando el terror de una muerte brutal, la agonía
de cargar con el pecado de toda la humanidad. Y sin embargo, la Iglesia a lo largo de los siglos ha minimizado
esta humanidad. ha creado doctrinas que sutilmente niegan que Jesús fue completamente humano. Porque queremos un
salvador que sea como nosotros, pero mejor, que entienda nuestra condición, pero que no esté realmente limitado por
ella. Queremos tener nuestro pastel teológico y comerlo también. Queremos decir que fue tentado, pero que
realmente no podía pecar, que sufrió, pero que realmente no experimentaba el dolor como nosotros. que murió, pero que
realmente sabía que iba a resucitar, así que no fue tan terrible. Y al hacer esto, al negar su humanidad completa,
hemos destruido la misma base de nuestra esperanza. Porque si Jesús no fue completamente humano, entonces su vida
no es un modelo que yo pueda seguir. Sus tentaciones no son comparables a las mías. Su victoria sobre el pecado no me
dice nada sobre mi propia capacidad de vencer, porque él tenía una ventaja injusta. Pero si Jesús fue completamente
humano, si vivió su vida en la tierra no operando desde su divinidad, sino desde su dependencia total del Padre, lleno
del Espíritu Santo, exactamente como nosotros podemos estar llenos, entonces de repente su vida se convierte en el
prototipo de lo que significa vivir como humano lleno del espíritu. Y esto es exactamente lo que el Nuevo Testamento
enseña. Filipenses 2 nos dice que Jesús se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres.
Él voluntariamente dejó de lado las prerrogativas de su deidad para vivir como humano dependiente de Dios,
exactamente como Adán debió haber vivido, como nosotros estamos llamados a vivir. Y es por eso que todo lo que
Jesús hizo lo hizo no en su propio poder divino, sino en el poder del Espíritu Santo. Lucas 3:21 y 22 nos dice que
cuando Jesús fue bautizado, el Espíritu Santo descendió sobre él. Lucas 4:1 nos dice que Jesús, lleno del Espíritu
Santo, volvió del Jordán. Lucas 4:14 dice que Jesús volvió en el poder del espíritu a Galilea. Lucas 4:18 registra
que Jesús dijo, "El Espíritu del Señor está sobre mí por cuanto me ha ungido." Hechos 10:38 resume todo, diciendo:
"Cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo este anduvo haciendo bienes y sanando a
todos los oprimidos por el porque Dios estaba con él." ¿Lo ves? Jesús operaba en el poder del Espíritu
Santo. Dios estaba con él. No dice que él operaba en su propio poder divino. Y esto cambia todo, cambia absolutamente
todo. Porque si Jesús sanó enfermos en el poder del Espíritu Santo, entonces yo también puedo sanar enfermos en ese
mismo poder. Si Jesús echó fuera demonios en el poder del Espíritu, entonces yo también puedo echar fuera
demonios en ese mismo poder. Si Jesús vivió en perfecta obediencia al Padre, siendo lleno del Espíritu, entonces yo
también puedo vivir en obediencia siendo lleno del mismo Espíritu, no perfectamente como él, porque yo sigo
luchando con mi naturaleza caída de formas que él nunca tuvo que luchar, pero sí progresivamente,
realmente, sobrenaturalmente, y esto es lo que la religión te ha robado. te ha dicho que eres solo un
pecador salvado por gracia, que tu identidad es miserable pecador, que lo mejor que puedes esperar es luchar toda
tu vida con el pecado y esperar que la gracia cubra tus fracasos. Cuando el Nuevo Testamento te dice algo
radicalmente diferente, te dice que eres una nueva creación, que las cosas viejas pasaron y todas son hechas nuevas, que
has sido crucificado con Cristo y ya no vives tú, sino que Cristo vive en ti, que tienes la mente de Cristo, que has
sido hecho justicia de Dios en él, que eres hijo de Dios, heredero de Dios y coheredero con Cristo, que mayor es el
que está en ti que el que está en el mundo, que todo lo puedes en Cristo que te fortalece.
Y ahora, ahora mismo, detente y siente esto. Siente el contraste entre lo que te han enseñado y lo que las Escrituras
realmente dicen. Siente la diferencia entre la religión que te mantiene pequeño, débil, perpetuamente derrotado,
y el evangelio que te declara victorioso, poderoso, más que vencedor. Porque hay un enemigo en todo esto. Hay
una fuerza trabajando activamente para mantenerte en ignorancia de tu verdadera identidad en Cristo. Y ese enemigo no es
quien piensas, no es el directamente. El es demasiado obvio. El enemigo más peligroso es la
religión. Es el sistema religioso que se ha construido alrededor de Jesús, pero que mantiene a la gente alejada del
verdadero poder de Dios. Y este enemigo es sutil. No te dice abiertamente, "No creas en Jesús." Te dice, "Cree en
Jesús, pero dentro de estos parámetros seguros. Adóralo, pero con esta liturgia aprobada. Síguelo, pero no demasiado
radicalmente. Obedécelo, pero no hasta el punto de la incomodidad. Dale tu vida, pero mantén el control de
tus finanzas. Confía en él, pero ten un plan B. Y los síntomas de este enemigo religioso en tu vida son muy
específicos, muy reconocibles. Si eres honesto contigo mismo, sientes que siempre estás tratando de llegar a un
nivel espiritual que nunca alcanzas. Experimentas culpa constante por no orar suficiente, no leer suficiente, no dar
suficiente, no servir suficiente. Asistes a todos los servicios y actividades de la Iglesia, pero tu vida
cotidiana está completamente desconectada de tu vida religiosa. Tienes toda la terminología correcta.
Puedes citar versículos, puedes orar en público, pero en privado luchas con las mismas adicciones, los mismos temores,
las mismas inseguridades que tenías antes de conocer a Cristo. Defiendes doctrina teológica con pasión, pero no
experimentas el poder de Dios de manera tangible. Te ofendes fácilmente cuando alguien cuestiona tu tradición
denominacional, pero no te ofendes cuando ves injusticia en el mundo. Gastas más tiempo discutiendo sobre
estilos de adoración que alimentando al hambriento. Conoces más sobre tu teólogo favorito que sobre el Jesús de los
evangelios y el síntoma más revelador de todos. Te sientes más cómodo en la iglesia que en las calles donde Jesús
pasaba la mayor parte de su tiempo. Prefieres el ritual predecible del domingo que el riesgo impredecible de
seguir al espíritu en tu vida diaria. Y si alguno de estos síntomas resuena en ti, si reconoces aunque sea uno de estos
patrones en tu vida, entonces tienes que entender que no estás experimentando el cristianismo que Jesús inauguró. Estás
experimentando una versión domesticada, una versión segura, una versión que el sistema del mundo puede tolerar porque
no amenaza realmente sus estructuras de poder, su economía de codicia, su jerarquía de opresión. Y aquí es donde
llegamos al giro central de todo este mensaje. Aquí es donde la revelación se vuelve tan clara, tan innegable, que vas
a tener que tomar una decisión antes de que terminemos. Hay dos tipos de creyentes en el mundo hoy, dos tipos de
seguidores de Jesús, dos grupos de personas que usan el mismo lenguaje, cantan las mismas canciones, se
congregan en edificios similares, pero que están viviendo realidades espirituales completamente diferentes.
El primer grupo ha aceptado al Jesús de la religión, el Cristo domesticado, el Salvador que cabe perfectamente en su
estilo de vida sin demandad cambios radicales. Estos creyentes conocen de Jesús, han escuchado sobre Jesús, creen
en Jesús como concepto teológico, como figura histórica, como póliza de seguro para el más allá. Van a la iglesia
regularmente, participan en actividades cristianas, se identifican como creyentes, pero su vida práctica es
indistinguible de la de cualquier persona decente, no cristiana en su sociedad. Tienen los mismos valores
materialistas, las mismas ambiciones de éxito mundano, los mismos temores y ansiedades, las mismas respuestas
automáticas de defensa y venganza cuando son ofendidos, el mismo amor al dinero, el mismo orgullo nacionalista. la misma
indiferencia hacia los pobres y justifican todo esto con teología cuidadosamente construida que hace que
Jesús sea compatible con sus comodidades. Pero el segundo grupo, el segundo grupo ha encontrado al Jesús
real, al Cristo de las Escrituras, al revolucionario del reino y sus vidas han sido completamente destrozadas y
reconstruidas por ese encuentro. Estos creyentes no conocen sobre Jesús, conocen a Jesús, no han aceptado una
doctrina, han entrado en una relación que los ha transformado desde adentro hacia afuera, no están tratando de ser
buenos. Están respondiendo a un amor que los ha arruinado para todo lo demás. No están guardando mandamientos por
obligación religiosa. Están viviendo los valores del reino porque su corazón ha sido genuinamente cambiado. Y la
diferencia entre estos dos grupos no es de cantidad, sino de calidad. No es que el segundo grupo ore más horas o lea más
capítulos o dé más dinero. Es que han visto algo que el primer grupo no ha visto. Han probado algo que el primer
grupo solo ha escuchado describir. Han encontrado al Jesús incómodo, al Jesús que no te deja donde estás, al Jesús que
te llama a algo imposible y luego te da el poder para hacer lo posible. al Jesús judío que te conecta con 4000 años de
historia de Dios con su pueblo. Al Jesús revolucionario que voltea tu escala de valores completamente al revés. Al Jesús
humano que entiende exactamente lo que estás enfrentando porque él lo enfrentó también. Al Jesús del reino que te está
preparando no solo para el cielo algún día, sino para traer el cielo a la tierra hoy. Y ahora mismo, ahora mismo,
en este momento, necesito que te preguntes con absoluta honestidad, ¿en cuál de estos dos grupos estoy? He
estado viviendo con el Jesús domesticado de la religión o he encontrado al Jesús real de las Escrituras. Mi fe me hace
cómodo o me hace incómodo mi teología protege mi estilo de vida o desafía mi estilo de vida. ¿Estoy usando a Jesús
para bendecir mis planes o he rendido mis planes para seguir los suyos? Esas preguntas no las evadas, no las
minimices, no las espiritualizas hasta hacerlas inofensivas. Siéntete en la incomodidad de esas
preguntas, porque en esa incomodidad es exactamente donde el Espíritu Santo quiere trabajar. Es en ese espacio de
honestidad brutal donde puede comenzar la verdadera transformación. Y ahora viene la parte práctica, la parte de
instrucción concreta, porque no basta con diagnosticar el problema, necesitas saber qué hacer específicamente para
pasar del Jesús religioso al Jesús real. Y esto no es un proceso instantáneo, no es una oración mágica que cambias todo
en un momento, pero sí hay pasos específicos que puedes tomar comenzando hoy, no mañana, no la próxima semana,
hoy. Y el primero de esos pasos es este. Durante los próximos 40 días vas a leer los cuatro evangelios completos: Mateo,
Marcos, Lucas y Juan. No vas a leer devocionales sobre los evangelios. No vas a leer comentarios sobre los
evangelios, vas a leer los evangelios directamente. Y cada vez que leas, quiero que hagas esta oración antes de
abrir la escritura. Espíritu Santo, muéstrame al Jesús real. Rompe toda lente religiosa a través de la cual he
estado leyendo. Ayúdame a ver lo que realmente está escrito, no lo que me han enseñado que está escrito. Y mientras
lees, vas a tomar nota de cada cosa que Jesús dice o hace que te incomoda. Cada enseñanza que no encaja con tu teología
actual, cada acción que no entiendes, cada confrontación que parece demasiado dura, cada demanda que parece demasiado
radical. Vas a escribir todo eso en un diario y vas a pedirle al Espíritu Santo que te muestre por qué eso te incomoda,
qué está revelando sobre tu corazón, qué paradigma está desafiando y vas a resistir la tentación de inmediatamente
buscar un comentario que explique eso de manera que vuelva a ser cómodo. En lugar de eso, vas a quedarte en la
incomodidad, vas a luchar con el texto, vas a permitir que el texto te confronte, porque es en esa
confrontación donde encuentras al Jesús real. El segundo paso es que vas a identificar un área específica de tu
vida donde sabes, sabes sin ninguna duda que no estás viviendo según el reino. Quizás es tu relación con el dinero,
quizás es un resentimiento que has estado alimentando, quizás es una relación que sabes que no glorifica a
Dios. Quizás es una ambición que has puesto por encima del llamado de Dios. Quizás es una adicción secreta. Quizás
es un estilo de vida de consumismo que es incompatible con el llamado a morir a ti mismo. Identifica esa área, nómbrala
específicamente. No uses lenguaje vago. No digas, "Necesito ser mejor en mi vida de
oración." Di, "Estoy gastando 3 horas al día en redes sociales y 0 minutos en oración intencional. No digas debo ser
más generoso. Di estoy ganando x cantidad de dinero y estoy dando menos del 1% mientras gasto el 90% en
comodidades personales. Sé brutalmente específico y una vez que hayas identificado esa área, vas a tomar
una decisión radical, no gradual, no progresiva, radical en los próximos 7 días. Porque si esperas a sentirte
listo, nunca lo harás. Si esperas a que sea conveniente, nunca lo será. Si esperas a que sea fácil, siempre será
imposible. Necesitas actuar desde la obediencia, no desde la emoción. Necesitas moverte mientras el espíritu
está hablando, porque él está hablando ahora mismo. El tercer paso es que vas a encontrar a al menos una persona en tu
vida que esté viviendo el cristianismo radical que estás buscando. No alguien que hable bonito, no alguien que tenga
una plataforma grande, sino alguien cuya vida concreta demuestre que ha encontrado al Jesús real. Alguien cuyo
matrimonio refleja el amor sacrificial de Cristo. Alguien cuyas finanzas demuestran que realmente confía en la
provisión de Dios. Alguien cuyo calendario muestra que los pobres y marginados son prioridad, no ocurrencia.
Alguien que cuando habla de Jesús no está repitiendo fórmulas aprendidas, sino compartiendo desde un encuentro
vivo y vas a pedirle a esa persona que te discipule, que camine contigo, que te haga preguntas difíciles, que te desafíe
cuando estés racionalizando, que celebre contigo cuando haya victorias, porque no puedes hacer este viaje solo. No fuiste
diseñado para vivir el cristianismo en aislamiento. Necesitas comunidad real, no solo asistencia a servicios.
Necesitas hermanos que te conozcan realmente, no solo contactos superficiales de iglesia. El cuarto
paso, y este es crucial, vas a ayunar de tu entretenimiento normal durante las próximas dos semanas, no de comida
necesariamente, aunque eso también es poderoso, pero específicamente de las cosas que consumen tu atención. redes
sociales, series de televisión, películas, noticias, podcast, todo lo que llena tu mente con las voces del
mundo. Y en ese espacio que creas, vas a llenar tu mente y corazón con la palabra, con adoración, con oración, con
silencio ante Dios, porque no puedes escuchar la voz de Dios si tu mente está constantemente saturada con mil otras
voces. Necesitas crear espacio, necesitas hacer silencio, necesitas desintoxicarte del ruido del mundo para
poder escuchar el susurro del espíritu. Y finalmente, el quinto paso es que vas a hacer algo radicalmente generoso en
las próximas 24 horas, algo que te duela financieramente, algo que requiera sacrificio real, no tus obras, sino algo
que cueste. Porque el manejo del dinero es quizás el indicador más preciso de dónde está realmente tu corazón. Jesús
habló más sobre el dinero que sobre el cielo y el infierno combinados, porque él sabía que nuestras finanzas revelan
nuestros verdaderos dioses. Así que vas a encontrar una necesidad real en tu comunidad, un hermano que está luchando,
una familia que no puede pagar el alquiler, un ministerio que está sirviendo a los olvidados y vas a dar de
una manera que te haga confiar en Dios de maneras nuevas, no desde tu abundancia, sino desde tu dependencia. Y
cuando hagas estos cinco pasos, cuando los hagas no como ejercicio religioso, sino como respuesta genuina al llamado
del espíritu, algo va a comenzar a cambiar en ti. No va a ser instantáneo, no va a ser fácil. Vas a enfrentar
resistencia de tu carne, resistencia del enemigo, resistencia de gente religiosa que va a acusarte de ser extremista o
legalista o de estar bajo una obra, pero vas a comenzar a probar algo que la mayoría de creyentes nunca prueban.
vas a comenzar a experimentar el reino, vas a comenzar a conocer al Jesús real. Y ahora, ahora, mientras nos acercamos
al final de este mensaje, quiero que hagamos algo juntos. Quiero que participes conmigo en un acto profético,
en una consagración, en un momento de rendición total. Cierra tus ojos donde quiera que estés. Si estás manejando,
obviamente mantén tus ojos abiertos, pero enfoca tu corazón. Silencia todo lo demás. Olvídate de quién está a tu
alrededor y vas a visualizar esto conmigo. Imagina que estás de pie en un camino. A tu izquierda hay una puerta
grande, ornamentada, hermosa, con un letrero que dice religión cómoda. Puedes ver a través de esa puerta un edificio
impresionante, lleno de gente bien vestida, música profesional, un ambiente agradable, todo está en orden, todo es
predecible, todo es seguro. Y a tu derecha hay otra puerta mucho más simple, de madera tosca con un letrero
que dice el camino estrecho. Y cuando miras a través de esa puerta ves un sendero polvoriento, ascendente,
pedregoso. No hay multitudes. Hay algunos caminantes dispersos que se ven cansados, pero también radiantes. No hay
garantías de comodidad, no hay promesas de éxito mundano, pero hay algo en ese camino que atrae tu espíritu más
profundo. Hay una presencia allí que reconoces. Es él. Es el Jesús real caminando adelante, volteando hacia ti,
extendiéndote la mano, llamándote por tu nombre. Y ahora, ahora mismo, tienes que decidir. No puedes caminar por ambas
puertas. No puedes servir a dos señores. No puedes tener al Jesús domesticado y al Jesús real simultáneamente. Tienes
que escoger y si estás listo, si realmente estás listo para dejar la comodidad de la religión y abrazar la
aventura radical del reino, entonces repite esta oración conmigo en voz alta, si es posible, desde lo más profundo de
tu ser. Padre celestial, vengo ante ti con un corazón quebrantado y un espíritu contrito. Confieso que he estado
viviendo con una versión domesticada de tu hijo. He aceptado un Jesús que cabe en mi agenda. En lugar de rendir mi
agenda al Jesús real, he tomado tu evangelio revolucionario y lo he reducido a una religión cómoda. He
cantado sobre rendición total mientras retengo el control de áreas enteras de mi vida. Perdóname, límpiame, renuévame.
Y ahora, en este momento, tomo la decisión consciente y del liberada de soltar el Jesús que he construido según
mi imagen y abrazar al Jesús que tú revelaste en las Escrituras. Recibo al Jesús judío que me conecta con tu pacto
eterno con Israel. Recibo al Jesús revolucionario que voltea mis valores al revés. Recibo al Jesús humano que caminó
donde yo camino y venció donde yo necesito vencer. Recibo al Jesús del reino que me llama no solo a ser salvo,
sino a ser transformado, no solo a ir al cielo algún día, sino a traer el cielo a la tierra. Hoy renuncio a toda teología
que protege mi comodidad en lugar de promover mi transformación. Renuncio a toda tradición que invalida tu palabra.
Renuncio a todo sistema religioso que me mantiene en cautiverio espiritual. Me comprometo a los próximos 40 días de
búsqueda radical de tu rostro. Me comprometo a la obediencia inmediata sin importar el costo. Me comprometo a vivir
como ciudadano del reino en medio de un mundo caído. Me comprometo a ser tus manos y pies para los pobres, los
marginados, los olvidados. Me comprometo a usar mis recursos, no para acumular comodidad, sino para extender tu reino.
Me comprometo a rendirlo todo. Mi agenda, mis sueños, mis finanzas, mis relaciones, mi reputación, todo. Lo
pongo todo sobre el altar y digo, sí a tu llamado, sí a tu voluntad, sí a tu camino. Aunque sea estrecho, aunque sea
costoso, aunque me ponga en conflicto con el sistema religioso, porque he probado de tu bondad y no puedo regresar
a la religión vacía. He visto un destello del Jesús real y todo lo demás se ha vuelto pálido en comparación.
Espíritu Santo, lléneme ahora. Empodérame ahora, guíame ahora, úsame ahora, no mañana, no cuando esté más
preparado. Ahora, con todas mis imperfecciones, con todos mis temores, con todas mis dudas. Tómame y hazme un
instrumento de tu reino en el nombre de Jesús, el verdadero Jesús, el Jesús que fue y es y ha de venir. Amén. Y amén. Y
ahora abre tus ojos, toma una respiración profunda y entiende que algo acaba de cambiar, no porque dijiste las
palabras mágicas, sino porque hiciste una decisión real consecuencias reales. El cielo acaba de tomar nota. El
infierno acaba de tomar nota. Y ahora viene la parte donde demuestras que fue genuino a través de la obediencia
inmediata. Recuerda los cinco pasos que te di. Escríbelos ahora mismo, antes de que sigas adelante, 40 días en los
evangelios. Identificar y actuar radicalmente sobre un área de desobediencia,
encontrar un mentor real, ayunar de entretenimiento, dar generosamente hoy. Estos no son sugerencias, estos son los
primeros pasos de tu nueva vida con el Jesús real. Y quiero que hagas una cosa más. Quiero que vayas ahora mismo a los
comentarios y escribas, "He decidido seguir al Jesús real para que haya un registro público de tu compromiso, para
que cuando vengan las dificultades, cuando venga la persecución, cuando la religión te ofrezca volver a la
comodidad, puedas regresar y ver ese momento cuando dijiste sí, cuando cruzaste la línea, cuando dejaste de ser
un creyente nominal y te convertiste en un discípulo radical. Hazlo ahora. Escribe, "He decidido seguir al Jesús
real." Y luego comparte este mensaje con al menos tres personas que sabes que están
hambrientas de más, que están cansadas de la religión vacía, que están listas para el Jesús verdadero, porque esto no
es solo para ti. Esto es un movimiento, esto es un despertar, esto es el Espíritu Santo llamando a una generación
de regreso al evangelio radical del reino. Y tú acabas de convertirte en parte de ese movimiento. Ahora ve, ve y
vive lo que acabas de declarar. Ve y demuestra que el Jesús real todavía transforma vidas radicalmente. Ve y sé
la evidencia de que el reino de Dios no es solo palabra, sino poder. Ve hoy, no mañana. Hoy mismo comienza tu primer
paso. Porque el Jesús real no está esperando a que estés listo. Él te está llamando ahora tal como eres y él te
transformará en el camino. Ve, ve ahora. El reino espera, las naciones esperan. Los perdidos esperan. Tu destino espera.
Ve en el nombre del Jesús verdadero, el judío de Nazaret, el revolucionario del reino, el Hijo del Hombre, el león de
Judá, el cordero inmolado. Ve y no mires atrás, porque has puesto tu mano en el arado y ahora no hay vuelta atrás. B, B
ve B hoy.
Se manifiesta en consumismo religioso sin cambio real, discrepancia entre creencias y conducta, resistencia a cuestionar tradiciones y priorizar rituales sobre la justicia y el servicio. Esta fe superficial limita la transformación personal y social que el mensaje original de Jesús propone.
Los religiosos suelen buscar comodidad y tienen una fe superficial con poca transformación, mientras que los seguidores reales mantienen una relación genuina con Jesús, viven una fe radical que desafía la comodidad y buscan una vida coherente con el Reino de Dios. Esta distinción invita a comprometerse con una fe activa y auténtica.
Jesús vivió y enseñó dentro del contexto judío, y su misión fue cumplir la ley y los profetas del judaísmo (Mateo 5:17). Entender sus raíces judías permite interpretar mejor sus enseñanzas y acciones, evitando una imagen distorsionada que desconecta a Jesús de su historia original. Explorar esta perspectiva ayuda a descubrir un Jesús más auténtico y relevante.
Jesús promovió un orden basado en justicia, igualdad y servicio, confrontando la riqueza y la corrupción del poder establecido. Sin embargo, la institucionalización del cristianismo suavizó este mensaje para ajustarlo a estructuras de poder cómodas, perdiendo así su fuerza revolucionaria. Recuperar esta visión invita a una fe activa y transformadora.
Jesús experimentó tentaciones, sufrimiento y crecimiento personal como cualquier ser humano, lo que lo hace un modelo accesible y realista (Hebreos 2:17-18, Lucas 2:52). Reconocer su humanidad permite a los creyentes encontrar esperanza y comprensión profunda del poder espiritual disponible para sus vidas.
Se sugieren cinco acciones: 1) Leer los cuatro evangelios durante 40 días con discernimiento del Espíritu Santo; 2) Identificar y cambiar un área de la vida desalineada con el Reino en 7 días; 3) Encontrar un mentor para discipulado real; 4) Ayunar dos semanas de entretenimiento distractor; 5) Realizar una acción generosa significativa en 24 horas. Estas prácticas generan crecimiento genuino.
El primer paso es tomar una decisión consciente de abandonar la religión cómoda y abrazar el camino del Reino con oración de rendición total. Luego, se invita a declarar públicamente ese compromiso y compartir el mensaje para motivar un movimiento de renovación espiritual que impacte tanto a individuos como a sociedades.
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